Jubilados
Mafia y Narcotráfico

Por Bernardo César Posada S.
Médico Internista U. de A.
Mafia quiere decir elegante, pretencioso, pero posiblemente se deriva de un vocablo siciliano que significa orgullo o belleza.
Como el significado de las palabras evoluciona, para nosotros mafia empezó a popularizarse cuando se inició el consumo local de la marihuana, y la amplia extensión de su cultivo, que abrió el camino para la exportación a un mercado ávido como el de los Estados Unidos, por su excelente calidad. A raíz de la aparición de su uso local hace unos 40 años y de la amplia extensión de su cultivo, se desataron la delincuencia callejera y, a gran escala, el crimen y el flujo de ricos ingresos para los jefes de tal comercio. Pero en el país del norte se inició su cultivo con sorprendente éxito, tanto que se volvió autosuficiente, y el auge de la producción colombiana se derrumbó.
En Bolivia y en Perú han existido cultivos milenarios de coca, que tuvieron un uso tribal, sin comercialización. El área de cultivo en Colombia fue insignificante, para el uso de algunas comunidades indígenas. Cuando apareció la demanda en Estados Unidos y Europa por su alcaloide la cocaína, apareció el auge de su cultivo en grandes extensiones, el establecimiento de laboratorios y su exportación para satisfacer la demanda. Como la cocaína alcanza altos precios, se formaron poderosas organizaciones delictivas, interesadas en satisfacer el consumo de millones de droga adictos. Los Estados Unidos pudieron disminuir la producción de Perú y Bolivia, pero surgió exuberantemente su producción en Colombia, promovida por “capos” que rápidamente hicieron fabulosas fortunas. Estas fortunas ampliaron la ambición de dichos empresarios, quienes comprendieron que Colombia también podía ser el paraíso del cultivo de amapola, para la producción de heroína. El país vino a sustituir el papel que desempeñaron países como Birmania, Tailandia, México, y a competir en la actualidad con Afganistán.
La mafia partió de la delincuencia siciliana, y estableció una red de intrincada eficiencia, que pone muy en alto la capacidad del pueblo italiano para el bien o para el mal. Organización basada en la lealtad, en el respeto a los superiores, en el secreto. Organización familiar, sin respeto a la Ley y falta de escrúpulos hacia el crimen. Se autodenominó La Cosa Nostra. Sus actividades representaron para los Estados Unidos una Hidra de Lerna, imposible de exterminar, puesto que en la actualidad no existe Hércules.
Los integrantes de La Cosa Nostra hicieron honor a la definición de mafia. Ostentaron elegancia, vistosidad en su vestimenta, en el uso exclusivo del sombrero llamado fedora, en su vivienda, en sus automóviles, de tal manera que el público fácilmente los podía identificar, guardando las proporciones, como se destacan las prostitutas. Eso no les convenía, y decidieron presentar un perfil sencillo, común, indistinguible.
Sus actividades como empresa han producido mejores rendimientos anuales que las máximas empresas comerciales o industriales del mundo. Porque unos ingresos de treinta mil millones de dólares vuelven muy humilde los rendimientos de inmensas inversiones. Esta organización explotó en forma fraudulenta la actividad de los casinos, la usura leonina, la prostitución, el funcionamiento de los bares y supermercados por medio del chantaje, a los cuales ofrecía “protección”. Infiltró y explotó los sindicatos, especialmente el de los camioneros o “teamsters”, de todo lo cual derivaba enormes rendimientos. Cuando mencionamos “protección” a negocios o propiedades, cualquier parecido con nuestra realidad es pura coincidencia. Inversión en actividades polifacéticas como se ve, libre de impuestos, bien atractiva.
Muy difícil hubiera sido para La Cosa Nostra desarrollar sus múltiples negocios, sin tener la protección de funcionarios públicos claves, de diferentes niveles, desde la policía hasta el alcalde y aún hasta el senador y el representante. Apoyo y alcahuete de la organización fue nada menos que el alcalde de Chicago, Richard Daley.
El interés de la política mundial ha sido luchar en todos los campos contra el narcotráfico, lo cual incluye el cultivo de plantas como la coca, la amapola, y la marihuana, la distribución de sus productos, y la droga adicción. No todos los gobernantes han entregado su apoyo sincero a esta lucha, por aquello de que esta lacra social ha sido capaz de corromper desde el más humilde ciudadano, hasta al más alto jerarca de un país.
Hace unos 10 años uno de nuestros gobernantes ofreció acabar con todos los cultivos ilícitos en el país en el curso de dos años. Su programa de entrega de narcos se cumplió merced a compromisos adquiridos bilateralmente. En términos generales, los políticos han sido extremadamente optimistas respecto al problema global de la droga.
En 1973, el presidente Nixon decía: “Ya hemos dado la vuelta a la esquina”, respecto a la droga adicción, lo cual quería decir que el problema estaba dominado. Años después Starr County en Texas tuvo una sorprendente bonanza. Aparecieron mansiones suntuosas, automóviles de gran lujo, abundante circulación de dólares, y los bancos empezaron a recibir suculentos depósitos. El señor Ferry Bowers, un supervisor en la división de narcóticos dijo: “Nunca seremos rivales de los distribuidores de drogas, mientras ellos tengan recursos ilimitados y nosotros estemos obligados a luchar por presupuestos adecuados”. El presidente Bush padre nombró a William Benett como su zar anti drogas. Durante su administración proclamó que, aunque el éxito no se había alcanzado aún, estaba a la vista. Su jefe Bush lo apoyó diciendo: “Estamos en el camino de la victoria”. Esto nos hace deducir con anticipación la moraleja de que los políticos hablan desde el punto de vista personal, en su provecho, pero en realidad tratan de nublar la realidad, y negar los fracasos.
En 1989, se capturaron en un depósito situado en Sylmar, Valle de San Fernando, California, de una sola vez, 19 toneladas de cocaína y se calculó que en los tres meses precedentes habían pasado por ese depósito 50 toneladas del mismo alcaloide.
La muy reciente captura de 15 toneladas de cocaína sobre el río Mira crea muchas dudas sobre las informaciones de disminución del área sembrada de coca. Lo cierto es que la producción va en aumento. Por algo será que los parques nacionales ya están invadidos por cultivos ilícitos. A pesar de las predicciones y promesas de los grandes líderes mundiales y nacionales sobre la lucha victoriosa contra el narcotráfico, el fin feliz está demasiado lejano.
El país sufre grave deterioro con la fumigación de glifosato, la biodiversidad se compromete sin lugar a dudas, y ya se ve que ésta no será la solución para exterminar los cultivos de coca y de amapola.
Si el paramilitarismo y la subversión derivan fabulosas ganancias por su compromiso total en el narcotráfico, no es de esperar a que se presenten a negociación pacífica, patriótica, porque el dinero los vuelve prepotentes y militarmente muy fuertes.
De lo que hemos tratado se deduce que Colombia es un eslabón en un círculo de problemas mundiales, que no podemos solucionar por nuestros propios medios, ni los Estados Unidos de América. Ya tuvieron un siglo de La Cosa Nostra, y tendrán otro de narcodependencia.
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