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Cátedra Abierta

La medicina como antropología

 

Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista

 

-Lo qué tú dices sobre que la medicina se quedó sin pacientes es cierto, porque ahora todos somos clientes-, dijo Isabel, y agregó: -Yo pienso que no solamente las cosas cambiaron de nombre. Ahora al paciente lo convirtieron en una mercancía, como tienen todas las empresas. Ya no tienen hombres con necesidades cualitativas diferentes, sino unas mercancías con necesidades cuantitativas, expresadas en la forma dinero-.

-Aníbal asintió y dijo: Exacto, el cliente, Isabel, no es un paciente; el cliente es un producto que hay que costear para poder competir y, en ese proceso de costos, se pierde lo particular de cada ser humano, vale decir, lo cualitativo, característica ésta que debe ser la base de la atención por el médico.

-¿Por qué lo dices Aníbal? ¡Explícame!

-Muy sencillo Isabel; porque el proceso de costeo es algo profundamente homogenizador, puesto que las variables de este proceso así lo son: tiempo de personal, salarios, insumos, depreciación de equipos y hasta los costos en publicidad para vender el producto. La forma dinero homogeniza las mercancías para poderlas intercambiar y, por lo mismo, todos los pacientes se homogenizan.

-Pero-, respondió Isabel, -algunos afirman que esa homogenización, resultado de la cuantificación de las necesidades, liberó al hombre de la esclavitud de lo cualitativo, que se expresaba en el mundo premoderno como voluntad de un poder social o político, como las castas, las elites, los órdenes y otros tipos de estratificaciones, y que ha permitido acceder a una mayor igualdad.

-Eso es cierto, Isabel, pero fíjate: En el campo de lo biológico y lo psicológico, nadie puede definirle a otro, en términos de dinero, cuál es su necesidad. Si pierdo de vista lo particular, lo cualitativo que hay en la necesidad de salud de cada ser humano, estoy negando en primer lugar toda la tradición moderna sobre las relaciones de lo biológico con lo psicológico y con lo social; y, en segundo lugar, me estoy poniendo de lado de todos aquellos que en la historia han tratado al ser biológico como cosa, como un simple instrumento para alcanzar sus fines. Me convierto en un fascista o, en el menor de los casos, en un colectivista y dejo de ser individualista, como dicen que son los defensores del neoliberalismo.

-Pero, ¿no es este el caso de los protocolos de atención?-, cuestionó Isabel.

-El protocolo tiene que ser y debe ser una guía-, respondió Aníbal. En esto no nos podemos equivocar. Pero cuando va más allá de una guía y orientación, termina metiéndose en el campo de lo cualitativo de la enfermedad, lo cual es precisamente caer en la uniformación y en la estandarización de lo biológico y por éste camino, creo yo, se llega a la instrumentalización del ser humano.

-Yo creo que en el proceso de costeo del protocolo se pierde la particularidad de la persona, es decir, se pierde la humanidad, porque los hombres somos, en un alto grado, semejantes desde el punto biológico, pero tenemos un porcentaje a veces pequeño, otras mediano y otras considerable, de variabilidad, es decir, de diferencia uno del otro y ahí radica nuestra humanidad, y esta humanidad tiene que ver con nuestro yo y con sus relaciones con el medio ambiente y con nuestras circunstancias. Yo soy yo y mis circunstancias, dijo Ortega y Gasset.

-Si se elimina la diferencia entre el ser humano y su otro, es decir, sus circunstancias, se pierde la humanidad de la atención y con ellas la actitud, esa creencia profunda de no hacerle a mi prójimo lo que no quiero que me hagan a mí, que, pienso, es la base de cualquier respeto por el otro. Por esta razón, las mayores violaciones a la ética siempre provienen del poder. Porque el que tiene el poder se olvida del “otro” y en ese proceso de alienación se olvida de “sí mismo”.

-No creo Aníbal que nadie pueda olvidarse de “sí mismo”. Esa violencia contra el “otro”, que en esencia es contra “sí mismo” termina destruyéndolo, como sucede en el “Jugador” de Dostoiesvki-, respondió Isabel.

-Todo se paga, no en la otra vida sino aquí, en esta vida, eso es completamente cierto y el mecanismo que se utiliza en la actualidad para tratar de no tener remordimientos es hacerse a la idea de que el mundo cambió y todo vale. Y por esto, la ética en la actualidad se ha vuelto blanda en todos los campos de la actividad social. Todo está permitido. El verbo flexibilizar se hizo carne y habitó entre nosotros. Y si asumo este enfoque con el ser humano, al negarle de entrada su diferencia específica en cuanto paciente (es decir, las circunstancias particulares por las cuales sufre) dentro del proceso de la atención médica, el resto de nuestra relación con el otro se convertirá en un simple simulacro, desde la democracia, representativa o participativa, hasta las buenas intenciones para aceptar las sociedades y las organizaciones pluripartidistas, y la tolerancia ante la multiplicidad de las opiniones de los otros.

-Todo esto desaparece si elimino al hombre como circunstancia doliente porque la esencia de la vida, para la gran mayoría de los humanos, ha sido hasta ahora la vida como obstáculo, como destino, como circunstancia doliente que me impide ser, disfrutar y alcanzar algún grado de realización. Y en el camino del nacimiento hasta la muerte, la enfermedad es asumida de muy diferente forma por cada individuo, exactamente según su circunstancia, es decir según las particularidades de su propia vida.

-Entonces-, dijo Isabel, -¿La medicina como tú la concibes debe ser algo así como una empresa totalizadora de las particularidades humanas?

-Tienes razón Isabel-, y esto es algo que debe decirse sin temores. En la actualidad, nuestra profesión olvidó comprender la importancia que ella ha tenido dentro del panorama de las profesiones y, más aún, dentro de la concepción del hombre como ser particular e individual y más allá dentro de una antropología de hombre moderno. Esta es una de las razones para que todos los fundadores y reformadores del Psicoanálisis, desde Freud hasta Lacan, hayan sido médicos. Porque, para aplicar una tecnología de punta, no se requiere en ningún momento estudiar doce semestres, hacer un internado y cuatro o cinco años de especialización. ¡Eso es un absurdo! Y por esta razón, la tecnociencia tenía que sentar sus reales, en primer lugar en la biología, luego en la medicina, porque todo el desarrollo de la medicina llegó a fundamentar una concepción del hombre como ser biológico, psicológico y social. Destruida la medicina con la complicidad de los mismos médicos, la tecnociencia se abrió fácilmente el camino para convertir toda actividad humana en un simple simulacro.

-Bueno, Aníbal. ¿Y qué es primero, el huevo o la gallina?-, peguntó Isabel riendo. -Me refiero a qué es primero, ¿el protocolo o el costeo? Porque yo puedo tener un buen protocolo, basado en la experiencia o en la evidencia científica, decidido a aplicarlo, así su costo me resulte alto, y también puedo adaptar los protocolos según el techo presupuestario y puedo comenzar sin protocolo de ninguna especie simplemente cuadrando los costos como a mí me convengan. En ambos casos modificarlo para que la atención no me salga muy cara. Le quito una cosita aquí, otra más allá y así voy cuadrando mi propio costo.

-Muy buena tu pregunta mujer-. Afirmó Aníbal. -Isabel, si los protocolos basados en la evidencia científica son lo primero, es decir, son el fundamento digámoslo así, para homogenizar la atención desde el punto de vista integral y definir qué debe hacerse siempre en un determinado caso y, por lo mismo, cuánto va a costar la atención, nadie tiene el derecho a cambiarlos para adaptarlos a las poblaciones más pobres o subsidiadas.

-Se estaría actuando contra el derecho a la equidad horizontal del paciente, porque partimos de la base de que el protocolo basado en la evidencia científica orienta, en forma adecuada, sobre las actividades que se deben realizar para entregar un subsidio total de acuerdo al paciente y al riesgo, y nadie tiene las facultades constitucionales para dividir o para recortar este derecho, convirtiéndolo en parcial-. Sin embargo, eso se hace porque no hay quien controle esta situación específica.

-Lo anterior, Isabel, esta íntimamente vinculado a la formulación de unas políticas de salud claras-. Porque nadie puede abrogarse el derecho de escoger unas actividades como, por ejemplo, el tratamiento de la enfermedad catastrófica con tecnología de punta y gastarse en esto el 40% del subsidio, si tengo una política que define cuál es el programa para enfrentar los problemas de salud de la población subsidiada, la cual debe estar basada tanto en los problemas de salud, como en los protocolos basados en la evidencia científica para combatir estos problemas. Y el costo total del protocolo, es decir, el 100% de su costo debe incluir la prevención, la promoción, la reparación y la rehabilitación.

-¿Y quién decide, Aníbal, que todo ese dineral se oriente sólo a la reparación de la enfermedad catastrófica? Porque se me hace que se va a desatar una competencia despiadada por los recursos para tratar la enfermedad con tecnología de punta, ya que alrededor de estos dineros hay grandes intereses comerciales y financieros-.

-Claro Isabel. ¿Cuál es la diferencia entre una insuficiencia hepática y un paciente alcohólico desde el punto de vista del derecho a la atención? Ninguna. La única diferencia que el sistema les reconoce es que la primera puede ser tratada con un procedimiento de alta tecnología (un trasplante hepático) que cuesta 200 millones de pesos, en cualquiera de las instituciones prestadoras de servicios de salud que dispone de la tecnología para hacerlo.

-¿Y el alcoholismo, Aníbal?-

-El alcoholismo es una enfermedad que no requiere alta tecnología de punta, que muy difícilmente se descubre en una simple consulta médica de las de 10 minutos, que no aporta utilidades para amortizar grandes inversiones, que a nadie le interesa y que, muy posiblemente, nadie la va a tratar, y que las consecuencias futuras para el pacienta van a ser desastrosas, del tipo precisamente de la cirrosis y la insuficiencia hepática. ¡Y así hay miles de ejemplos! Casi todas las enfermedades catastróficas tienen un origen larvado, con años y años de malos hábitos higiénicos, malos hábitos alimenticios, alcohol, tabaco, deficiencias educativas muy grandes y menosprecio por sí mismo, también muy alto.

-De todas formas, ya sabemos que el 40% de los gastos del régimen subsidiado se convierten en subsidios parciales. ¿Parciales frente a que? Y el restante 60% del subsidio, ¿qué se hace? ¿Se entrega o no se entrega? ¿O simplemente no existe y se está gastando en otras cosas como la guerra interna, redefinida ahora como lucha contra el terrorismo?

-¿A quién beneficia dentro de la estructura económica de la reforma de los servicios de salud en el país, ese subsidio parcial del 40%? ¿Y a quién se deja de beneficiar con el 60% del subsidio recortado? Y ¿cuáles fueron los criterios para recortar el subsidio y entregar sólo el 40% para un rubro de enfermedades catastróficas y de alto costo? ¿Las tutelas? O ¿Las presiones de las instituciones prestadoras de servicios de salud?

-En este orden de ideas, ¿qué habría que hacer para cambiar una política de salud, llena de improvisaciones de última hora, y darle a la promoción y prevención de la salud los dineros que le corresponden? En resumen, ¿Qué habría que hacer para tener una verdadera política de salud y no una política de enfermedad?

-Bueno mujer, dejemos de hablar de cosas que quizás a nadie le interesan y cuéntame de ti. ¿Dónde estabas que no te había vuelto a ver?

-En vacaciones, Aníbal. ¿No ves que Benedicto XVI dijo que, en este mundo tan agitado, todos necesitamos sacar vacaciones? ¿Tú por qué no sales a vacaciones?

-Porque si me voy a vacaciones, no facturo, y si no facturo, no puedo comer. Así de sencillo, Isabel.

 
 
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