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El canibalismo médico




Por Bernardo Ledesma G.
Médico Ortopedista

“La envidia y la emulación/ parientes dicen que son/ aunque en todo diferentes/ al fin también son parientes/el diamante y el carbón” (Del libro “El hombre mediocre, de José Ingenieros).

“Por Dios. ¿Y a usted quién lo operó?

“Oiga pero que “Chamba” la que le hicieron!”

“Esa cirugía se pudo haber hecho con una incisión más pequeña”.

“No, yo no conozco a ese médico. ¿Sí será graduado?”

“¿Y a quién se le ocurrió hacerle semejante barbaridad?”

“Vea señora, yo no me comprometo, mejor hable con el médico QUE LE HIZO EL DAÑO.”

“Hágale el reclamo al médico que la operó y póngale una tutela”.

“¡Uff, esa cirugía se la dejaron infectar!”.

“Existen técnicas más actualizadas para ese tipo de intervención. ¿Es posible que ese médico las desconozca?”.

“Y a usted ¿dónde le hicieron esa cirugía?” (Gesto despectivo).

“Vea señora, ese médico sí es muy bueno, pero con usted sí metió las patas”.

“Yo voy a ver qué puedo hacer, pero no le garantizo nada, porque a usted se le “tiraron” en esa rodilla.”

“Ese doctor sí fue muy bueno, fue mi profesor, ¿y es que todavía trabaja?


Estas y muchas frases más corresponden al denominado “CANIBALISMO MÉDICO”, una práctica legendaria y perversa que, textualmente, significaría “médico que come médico”, pero que realmente se refiere a la competencia desleal que algunos médicos utilizan, bien sea con fines económicos, envidias, rivalidades o involuntaria e inocentemente por “Lengüilargos”.

A diario escuchamos testimonios de médicos que han sido víctimas de estos “antropófagos” y que han tenido que enfrentar el reclamo, por lo regular injusto, de los pacientes o de sus familiares, reclamos que en algunas veces vienen acompañados de violencia, instigados por el “dilecto” colega quien, por lo regular, cuando es confrontado, se lava las manos, negando su culpa.

Esas quejas directas se presentan cuando el médico cuenta con suerte pero, en muchos de los casos, los pacientes y sus familias encuentran una oportunidad propicia y ya abonada por el comentario alevoso de su colega, para demandar económicamente al galeno, incitados por algunos abogados que, como aves de rapiña, están buscando “clientes” para asesorar, al igual que ocurre en países como Estados Unidos donde hay personas que viven y hasta se enriquecen con las demandas médicas.

Nuestra intención con este artículo, es lanzar una voz de alerta dirigida al gremio médico, ya bien golpeado por las políticas de salud de nuestro país, para que esté alerta, y a la defensiva, ante esta renaciente y siniestra práctica, y no permitamos que se implante en nuestro entorno de la salud.

Podemos lograr mucho si evitamos esos comentarios inoportunos e imprudentes que fácilmente pueden presentarse en la consulta médica y que generan dudas y suspicacias. Muchas de estas situaciones se pueden presentar en el médico desprevenido que no es consiente del daño que le pueda hacer a su colega. Puede bastar un sólo gesto para descalificar injustamente el trabajo de nuestro compañero.

A continuación relataré varios casos de “canibalismo médico” ocurridos a mis colegas ortopedistas, precisando que este es un problema generalizado en el gremio médico, donde abundan situaciones similares:

1. -Ortopedista A: Trató a una paciente con una fractura subcapital impactada del humero proximal, con método cerrado, no quirúrgico, que era el método más recomendado para ese tipo de fractura. A los 15 días, la paciente consulta al Ortopedista B. Este le dice que el Ortopedista A está equivocado y, rápidamente, la programa para cirugía, practicándole una Osteosíntesis. A los días de realizada la intervención, la señora va al consultorio del Ortopedista A para reclamarle porque, según el Ortopedista B, ella tiene pérdida del movimiento del hombro “hombro rígido”, porque el Ortopedista A no la operó a tiempo. La paciente le pide explicación al colega A, obviamente muy alterada y molesta por el supuesto error que éste había cometido. El Ortopedista A toma el teléfono, pone el altavoz, y llama al colega B, para que la paciente escuche la conversación: “Buenas tardes Doctor, lo llamo para preguntarle por la paciente fulana de tal. El Ortopedista B, le contesta muy amablemente el saludo y luego, muy airado, le dice: “Vea colega, esa vieja es una loca, que “chicharrón tan berraco”, yo creo que es sicosomática. Estoy encartado con ella”. Cual sería su sorpresa cuando el ortopedista A le responde que la Señora estaba escuchando. A continuación, le entrega el teléfono a la paciente.

2. -Otro colega Ortopedista, recibe una paciente operada un año antes por un neurocirujano. Se trata de una señora con una discopatía cervical a quien le habían realizado una fusión entre dos vértebras, la cual no consolidó, produciéndole dolor crónico por la inestabilidad de la columna. El Médico Ortopedista que la recibe, en lugar de reintervenirla, considera que lo más prudente es enviarla nuevamente donde el neurocirujano para que la reintervenga quirúrgicamente. Este la recibe y se enfurece ante la paciente; hace la pantomima de que está llamando al Ortopedista para amonestarlo y, con gran cinismo, aparenta estar llamándole la atención por ignorante y por que, según él, no le aprendió nada cuando había sido su alumno. La paciente, que había hecho buena empatía con el ortopedista, regresa a su consultorio y le pide disculpas: “Qué pena doctor, excúseme por haberlo hecho regañar de su profesor”. El Ortopedista, muy extrañado y molesto, le responde que él nunca ha visto al Neurocirujano en su vida, y que obviamente él nunca fue su profesor.

3. -A otro Ortopedista le ocurrió hace poco algo similar, esta vez con un colega ya muy conocido por “canibalismo” en nuestro gremio. Le practicó una extensa cirugía a una paciente que presentaba una patología severa de su rodilla, en la que, para poder ofrecerle una solución duradera para su problema, fue necesario realinear el mecanismo extensor de la rodilla, practicar una resección parcial de la rotula y más distalmente hacer una osteotomía en la tibia, para elevar el tubérculo tibial y desplazarlo hacia adelante. Cualquier ortopedista sabe que esta cirugía es imposible de realizar con las dos pequeñas incisiones que se hacen en la artroscopia, y así se le había planteado a la paciente en el preoperatorio. Después de operada, debido a que la fisioterapia no había sido suficiente para recuperar el movimiento, porque la paciente no colaboraba, en parte por el bajo umbral para el dolor, fue programada para movilizarla bajo anestesia. La señora abandona el tratamiento y días más tarde le llega una carta al cirujano reprochándole porque el colega ortopedista, con sus comentarios malintencionados, le dijo que esa intervención se podía haber realizado por artroscopia, con “dos pequeñas incisiones”, y no por una incisión “tan grande”, generando el inevitable disgusto y la reclamación por parte de la paciente y su familia.

Con este tipo de comentarios, se generan demandas médicas, daños morales y desprestigio para el médico, porque esa paciente no vuelve, y multiplica sus comentarios y, en el peor de los casos, puede llegar a ser víctima de atentados contra su integridad física por parte de pacientes y familiares inconformes con el tratamiento.

Ante la avalancha de demandas médicas que se están presentando actualmente, la gran mayoría de ellas, según informe de Fepasde, motivadas o inducidas por un colega de la misma especialidad al que se le pide una segunda opinión, he tratado definir los distintos tipos de caníbales así:

CANÍBAL “IMPRUDENTE”: Aquel que hace comentarios toscos, sin ninguna prudencia. Por ejemplo, “Oiga señora, y a usted ¿quién le hizo esa “chamba”? Comentario emitido así, fríamente, antes de interrogar a la paciente.

CANÍBAL “PRUDENTE”: Es más reflexivo y “Cuidadoso” con el comentario que emite. “Ese doctor es un excelente médico, lástima que le haya ido tan mal con su caso”.

CANÍBAL “EGOCENTRISTA”: En esta ciudad el ÚNICO que hace ese tipo de cirugía soy yo.

CANÍBAL “AZUZADOR”: “No se quede callada, póngale una demanda a ese irresponsable”.

CANÍBAL “QUIEBRA TARIFAS”: Aquél que habla mal del colega y le ofrece tarifas más favorables por una cirugía, mostrándose “aterrado” de todo lo que le va a cobrar EL OTRO.

CANÍBAL “JUSTICIERO”: Él mismo llama al médico en presencia del paciente para amonestarlo y “hacer justicia”, poniéndolo como un criminal y quedando él como redentor.

CANÍBAL “ESTUPEFACTO”: Cuando es llamado por el médico afectado por sus comentarios malintencionados y se muestra sorprendido, negando su culpa.

CANÍBAL “INCOMPRENDIDO”: “He hecho todo lo posible por convencer a mis colegas para que abandonen los tratamientos obsoletos y sigan los míos, pero ha sido imposible”.

CANÍBAL “DESLEAL”: Aquel que es culpable de varias demandas médicas en su ciudad, por sus comentarios perversos.

CANÍBAL “ACADÉMICO”: Ah sí, ese doctor fue alumno mío, un poco lento pero al final aprendió.

CANÍBAL “SÚPER DISCÍPULO: El desquite del anterior: “Sí, el doctor fue profesor mío, y ¿es que él todavía está operando?

CANÍBAL “MIMO”: No habla nada, pero con un gesto desdeñoso es suficiente para que el paciente entienda que está descalificando al otro médico.

CANÍBAL “GOLOSO”: Está en todas partes, acepta cualquier tarifa y tumba tarifas a diestra y siniestra sin importarle su gremio.

CANÍBAL “PATRONISTA”: Se “arrodilla” ante las prepagadas o las EPS y no le importa desacreditar o descalificar a su colega para obtener beneficios propios.

Infortunadamente, tenemos que aceptar que existen casos aislados de “malapráctica médica” y de conductas que riñen con la ética y la honestidad, situaciones que deshonran a nuestra profesión, y que el médico está en la obligación de denunciar, para evitar caer en la complacencia y en el silencio cómplice, que también constituyen un acto de inmoralidad e irresponsabilidad.

Lo más grave de todo este tipo de actitudes y comentarios es que estamos enturbiando y menospreciando nuestra noble profesión, convirtiéndonos en los culpables de que la sociedad pierda el respeto que merecemos. Ese paciente que está presente en esa querella entre médicos, será testigo y forjador del entierro del carisma y la admiración que por siglos ha caracterizado a los médicos.

Finalmente, citaré algunos apartes del excelente libro de William Ospina “Es tarde para el Hombre”, que crudamente reflexiona sobre lo que ha sido el médico en la historia y el futuro sombrío que le espera:

“Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, -dice Adriano al comienzo de la novela de Yurcenar– y también es difícil guardar la calidad de hombre. Leyendo esas palabras creí entender alguna vez el secreto temor que me inspiraban no sólo los médicos, sino el ámbito de su labor. El tenso silencio de las salas de espera, la desolada paz de los hospitales, el terrible milagro de los quirófanos”….

”En realidad pocas cosas reducen tanto al hombre a la inermidad y a la impotencia como el poder de los médicos. Si un hombre nos da la mano es nuestro igual, pero si pasa a tomar nuestro pulso parece que estuviéramos a su merced”.

“Casi ningún saber humano otorga a su poseedor tanto poder sobre los demás como ese antiguo y prestigioso saber que llamamos medicina…”.

“Les había sido dada la más hermosa de las virtudes, la virtud de curar, de arrebatar a la carne mortal de los brazos de la muerte y retornarla indemne al milagro del mundo. Merecían toda gratitud y toda veneración…”.

”Eran seres sagrados que cumplían una función a veces racional, a veces mágica, en un mundo encantado. En ese mundo remotísimo donde la fe movía montañas, donde la ingenuidad creía en milagros y a menudo los hacía…”.

”Es difícil seguir siendo emperador, y también es difícil conservar la calidad de hombre. Casi nadie en nuestra época la ha conservado. Bajo la mirada fría, desapasionada, imparcial de la ciencia, somos sólo carne mortal alterada por las enfermedades o ya atrapada por las fauces inexorables”.

“Poco importa que el médico sea más o menos cordial, más o menos compasivo, el universo mental al que pertenece es el de los átomos fatales y en ese reino ya no caben ni las magias de la esperanza ni las montañas de la fe ni los desórdenes del milagro”.

“Creíamos que el mundo era un orbe de potestades y de dioses, un trágico jardín para la belleza y el canto, pero alguien ha venido a decirnos que sólo existe la ciega materia sin alma, que no hay divinidad en los bosques ni sacralidad en las aguas, que todo lo que avanzaba en belleza como la noche de Byron, puede ser transformado en basura y escombros , que la marca de los dioses insondables ha sido borrada de las cosas y que ahora sólo puede estar en ellas la marca de la industria, los codiciosos logotipos que se adueñaron del misterio del mundo”.

 
 
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