Ofrenda a un luchador social e intelectual de la segunda república
Por Jesús Mejía Ossa
-Chucho Mejía-

Estamos en la nueva Atlántida: América del Sur, Comunidad Suramericana de Naciones –CSN-, refrendada y apoyada por diez presidentes en la antigua capital del Tahuantinsuyo, el 9 de diciembre de 2004, fecha aniversaria del triunfo libertario de nuestro paisano José María Córdoba y del joven mártir de la Democracia Suramericana, el venezolano Antonio José de Sucre, quienes simbolizan desde hace dos siglos la unidad inexorable de nuestros pueblos en sus esfuerzos independentistas.
Esta nueva Atlántida, parte de indoafroamércia, es la gran nación del Tercer Milenio, quienes la vemos como vanguardia, quienes estamos reunidos aquí sustentando la fe de una patria planetaria, universalista y fraternal, cuyo manifiesto se firmó ante las Naciones Unidas en diciembre de 1948, con la Convención Universal de los Deberes y los Derechos Humanos, para afirmar la felicidad y bienvivir de todos en la cena de cada día y no la exclusión de una minoría exclusivista y guerrerista que ha condenado a las mayorías al desalojo y a la miseria continuadas.
Esta fe se corroboró en el mes de julio de 1991, con la expedición del último pacto político y social de los colombianos, la Constitución vigente, suscrita por 77 líderes comunitarios de diversas tendencias. El avance logrado con esta constitución fue un gran paso en el perfeccionamiento del Contrato Social de los colombianos.
El avance logrado ha sido posible por colectivos actuantes e individuos avezados que concitan la obra constructiva del edificio de la soberanía, la libertada y la independencia popular de nuestras repúblicas.
Esta ofrenda se hace a un hombre, a un varón rebelde, libertario e inconforme, que ha dedicado sus capacidades físicas, anímicas, intelectuales y espirituales a la suerte de los suyos, comprometido con muchos en la lucha por la fraternidad y la solidaridad universalista de las naciones, negadas siempre por la cadena sofocante del neocapitalismo y sus organizaciones guerreristas que destruyen el mundo.
Juvenal Herrera Torres, pasada su adolescencia, se inicia como obrero de la factoría Pilsen y ahí se topa con la primera gran muralla, la vida humana convertida en moneda de intercambio, como pago del esfuerzo mental y físico en el sostenimiento de la economía. Escucha que hay países en donde consejos obreros coadministran las fábricas para romper el dilema capitalista obreros-amos. Observa que los pueblos asiáticos en oleadas humanas invaden las ciudades para generar la libertad de sus naciones en la India, en China, en Vietnam.
El Tiburón Martillo de Cuba golpea con el machete de los Mambises y el espíritu de Martí contra los nuevos mercaderes de la muerte.
Pedagogo de su pueblo, envuelto en Martí, en Mariátegui, en Sandino, en El Libertador, faros de libertad, y recoge su luz y la dispersa como semillas nuevas en las fondas, en las aulas, en los sindicatos y cooperativas, sin más interés que la pasión por la libertad de todos. No libertad en abstracto, concreción en satisfacer necesidades y deseos colectivos.
Va a la cárcel y en ella, con la colaboración de Ulises Casas, promueve la liberación de cincuenta reclusos que ignoran las herramientas de la burguesía en el manejo de sus campos de concentración. Fuera de la prisión continúa la didáctica de la libertad para sus compatriotas y los pueblos iberoamericanos, produciendo una enciclopedia bolivariana que hoy se usa como manual en la patria venezolana y se empieza a divulgar por México, Cuba y Sudamérica.
Con el poeta nacional y premio Lenín de la Paz Don Luis Vidales, el timbre de nuevas voces poéticas desde 1925, asiste a la Academia de Historia y discute con los congeladores de la irrealidad nacional los ejes nuevos de una Segunda República que El Libertador, desde la dureza de sus monumentos, grita a la sordera general:
“El sistema de gobierno más perfecto es
aquel que produce mayor suma de felicidad
posible, mayor suma de seguridad social y
mayor suma de estabilidad política”
Discurso de Angostura
Esta es la pauta de vida y ensoñación de este hombre rebelde, libertario, inconforme, Juvenal Herrera Torres, a quien ofrendamos con afecto y admiración este acto de afirmación humanista y democrático, por su liderazgo y generosidad ilímite.

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