Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista
A Isabel, luego de sus prolongadas charlas con la madre Antoinette, le había quedado muy claro que la época comprendida entre los siglos XI y XIII, conocida por algunos como el otoño de la edad media y por otros como la adolescencia del renacimiento en Europa, había sido una verdadera transición entre la alta edad media representada por el Imperio Carolingio y una sociedad mucho más abierta que vería el nacimiento de una sistema diferente de tipo comercial y de localización urbana, con unas ciudades muy diferentes a las ciudades romanas.
- ¿Y que podría significar lo anterior?-, preguntó Isabel. Y la madre Antoinette le respondió:
- Que el movimiento que llevó a las ciudades a poseer una auto-administración, una hacienda, una justicia, un derecho a las tierras que poseían, era la plena libertad que desde hacía tiempo estaban buscando como recompensa a una prosperidad material que al mismo tiempo les permitiría asegurarse la vida económica y la defensa exterior.
- ¿Estaríamos hablando entonces de una época de transición entre la edad media y el capitalismo?
- Sí, muy posiblemente, porque allí los gremios trabajaban para el mercado local y para el comercio lejano. No cabía ninguna duda, le había dicho la madre Antoinette, que la economía urbana sólo había podido prosperar al desbordar ampliamente a la economía local. En estos centros privilegiados triunfa un primer capitalismo gracias al comercio internacional.
- Pero, tal vez no sería conveniente hablar aún de capitalismo. Mejor sería hablar de una época entre la edad media y la edad moderna, época en la que las verdades aceptadas de la antigüedad, que fueron el fundamento de la alta edad media, estaban siendo cuestionadas, mientras que los nuevos valores de la sociedad moderna, aún no eran dominantes.
- Veamos en primer lugar el fenómeno de la sensibilidad del hombre del gótico El alma del hombre gótico será de una sublime histeria y patetismo. Cuando las contradicciones internas son muy grandes, aparece una actitud patética, dramática ante la realidad, que termina por ser histéricamente sublimada, como lo vemos muchas veces en ciertos políticos de nuestros tiempos, ya que en el alma sana no hay nada patético. Cuando se habla representando un papel, se exageran las situaciones y el peso de la autoridad y los protagonistas se sienten héroes mesiánicos a quienes el destino ha colocado allí para cumplir una misión histórica, algo que nadie más puede hacer; entonces, se está en el terreno de lo que no se comprende, entre los deseos y las realidades.
- Como bien lo dice un autor cuyo nombre no recuerdo ahora-, dijo la madre Antoinette, en el gótico no hay una conciliación entre el mundo interior y el mundo exterior y las aspiraciones no conciliadas aspiran a resolverse en mundos trascendentes y en estados de sublimación psíquica. El ser humano gótico es un ser desgarrado entre un mundo en el que ya no cree y un nuevo mundo que no alcanza a comprender, porque su nivel de conocimiento no se lo permite. Y continuó:
- Por esto, en el hombre gótico no hay armonía porque el hombre gótico no ha encontrado su punto de equilibrio, como voluntad de compenetración y de integridad orgánica con su contexto y, por lo mismo, su sensibilidad produce en todos los campos formas patéticas que lo conducen a pasar de la histeria a la tragedia.
- ¿La tragedia, explíqueme cómo así?, explíqueme que no le entiendo.
- El hombre de las transiciones es un hombre que vive su destino mesiánico como una tragedia, pues no alcanza a buscar el punto medio de las cosas, no alcanza a conciliar y se enfrenta a grandes realidades que desconoce. Yo pienso que ésta podría ser una buena descripción del alma gótica. La sensibilidad del hombre gótico era, en resumen, una sensibilidad histérica y, por lo mismo, patética, que llevaba a una honda aceptación de su destino, con un contenido grande de tragedia. Y agregó:
- La importancia de una sensibilidad patética ó de una sublimación histérica procedente de un alma desgarrada. Y recuerda, Isabel, que el alma del hombre contemporáneo también estará hondamente desgarrada sobretodo luego de la segunda guerra mundial, en donde se inicia la crisis del mundo moderno.
- Toda esta época postmoderna será una época de grandes desgarramientos en el alma del hombre occidental y también, por lo mismo, de grandes sublimaciones histéricas. Y los ejemplos abundan en toda la cultura; en la música, en el arte, en las dificultades para encontrar una identidad propia, en la idolatría de la imagen y hasta en la forma histérica, patética y trágica de hacer política.
- ¿Una forma histérica, patética y trágica de hacer política? Eso sí creo que sea mucho pedir para un político.
- No te burles Isabel. Muchas personas que vemos como normales, se creen con un destino manifiesto. Sintiéndose con un destino manifiesto para ser el mesías o salvador de un país, de una región o de una institución, se crean un mito (la superioridad de la raza, el regreso a los valores espirituales del imperio romano, la seguridad nacional o la seguridad democrática, la caridad), y el mito cala en todos los pueblos que han sido maltratados por la historia y en ciertos sectores de sus conciudadanos, abriéndoles el camino también para la histeria, el patetismo y la tragedia colectiva. Y prosiguió:
-Recordemos la histeria y el patetismo de muchos líderes de la Europa de la segunda guerra mundial, y recordemos también las grandes tragedias en las que terminaron sus pueblos.
- Y ¿por qué, Madre, habla de la seguridad democrática como de un mito?
- Porque son dos términos antinómicos, Isabel. Tú no puedes prometer seguridad, en los términos en los que se hace en la actualidad militarizando la sociedad, dándole al ciudadano la impresión cotidiana de que está vigilado y controlado, y por el otro lado hablar de democracia. Y para que exista una verdadera democracia tienes que desmilitarizar la sociedad. Es un “bocadillo que no casa”.
- ¿Usted cree, entonces, que estamos en una época de transición?
- Muy posiblemente así sea. Hacia qué y a dónde vamos, no lo sabemos, pero la época tiene muchos parecidos con el gótico.
- En segundo lugar, Isabel, estos tiempos estuvieron caracterizados por un sentimiento o sensación de gran inseguridad en la sociedad como un todo derivado de esto, por la aparición de fenómenos heterogéneos, pero que eran todos síntomas del proceso de cambio que se estaba desarrollando; las guerras, las herejías, la idolatría en la religión, en la sociedad y en el pensamiento, las hambrunas, las pestes, la histeria, la aparición de algo que comenzaba a parecerse a las universidades, la intervención abierta del Papa en los asuntos temporales de los grandes reinos, el surgimiento y fortalecimiento de las ciudades y del comercio y el desarrollo de cierta tecnología capaz de asegurar la conquista rural, el desarrollo de un artesanado preindustrial, la construcción a gran escala, la navegación marítima y grandes avances en el dominio del espacio y el tiempo.
- ¿También del tiempo, Madre?
- Todo cambio material importante en la sociedad trae aparejado cambios en el tiempo, Isabel. El tiempo ha ido acelerándose desde la época primitiva hasta nuestra época. Desde el punto de vista material, las hambrunas, las pestes, las consecuencias de la ingestión del cornezuelo de centeno, sin hablar de las grandes pandemias como la tuberculosis, fueron el azote más frecuente que asoló a la población, pero en especial a los más pobres, que eran casi la totalidad de la población, en aquellos tiempos. Y continuó:
- La mala alimentación, la mediocridad de una medicina que no halla el equilibrio entre las recetas de ama de casa y las teorías de los pedantes, provocan horrorosas miserias físicas y una mortandad de país subdesarrollado. Esta inseguridad material explica, en gran parte, la inseguridad mental en la que vivieron los hombres de la edad media, como viven en la actualidad la gran mayoría de los habitantes de nuestro país.
- Porque la mayor violencia no es la muerte física, Isabel. El muerto ya no siente, el muerto ya no ama, ya no sufre, ya no come, ya no duerme, ya no desea ni tiene expectativas. La mayor violencia, como dijo el poeta, es el morir; vale decir esa interminable e insoportable vivencia de que no hay futuro, ese engañoso esfuerzo diario por hacernos una identidad entre las múltiples y contradictorias opciones que nos ofrecen los medios de comunicación y en donde cada uno debe defenderse solo sin apoyos realmente sustanciales.
- Porque la inseguridad no es solamente la toma violenta de un municipio, el atraco callejero, el secuestro, el asesinato a mano armada. La inseguridad es más que eso, mucho más. La inseguridad en las expectativas, la inseguridad en el futuro, la inseguridad que todos llevamos dentro cuando todo se ha convertido en efímero, hasta el trabajo, cuando no hay un sentimiento estable, cuando el relajo se ha apoderado de la relación entre los géneros. Cuando la familia ya no es el núcleo social capaz de ser integrador de múltiples valores híbridos que nos trasmite la globalización y que penetran a los hogares por el cableado electrónico de los medios, y cuando todos los proyectos educativos giran como veletas al viento sin señalar ningún norte y ninguna meta seria que defender.
- Pero no me desvíes del tema, Isabel, y en especial no me pongas a hablar de nuestro país que eso me descompone y me daña el día. Sigamos con nuestro tema: el Gótico.
- Entonces las gentes tuvieron que refugiarse, a fin de cuentas, en la única seguridad, que tenían, la de la religión, ocupando el milagro el lugar de la seguridad social.
- Y si en la actualidad no hay seguridad social, ¿tendremos que volver, entonces, al milagro, Madre?
- Claro hija, tú lo has dicho y lo puedes ver también en la actualidad, en el repunte de todas las doctrinas esotéricas y de todos los tipos de medicina diferentes a la medicina “científica” occidental, la cantidad de iglesias nuevas de garaje y los milagros que a diario se producen en ellas. Pero déjame seguir hija:
- Pero más importante era la inseguridad desde el punto de vista moral, porque a todo lo anterior había que sumar el peligro fundamental de la condenación eterna con la colaboración del diablo. Eran tan bajas las posibilidades de salvación del alma, con lo cual el miedo a la condenación prevalecía sobre la esperanza de salvación, que se llegó a decir, como lo hizo un predicador franciscano Berthold de Regensburg en el siglo XIII, que la probabilidad de salvación de una persona sólo llegaba a 1 por cada 100.000 habitantes.
- Pero ese cuento del diablo ya no le entra a nadie-, dijo Isabel.
- Claro hija, ahora el diablo no tiene mucha responsabilidad. No, ahora hay múltiples formas de declarar herejes a las personas y por derecha desaparecerlos o, al menos, excluirlos de la sociedad.
- Pero hay algo más grave, Isabel. Cuando la inseguridad se hacía intolerable, apareció otro recurso todavía más facilista y equivocado, como era el de la militarización de la sociedad. Pero, este recurso por viejo sigue siendo el preferido, aunque debe decirse que sin mucho éxito a largo plazo.
- Pero, ¿no es esta la forma también más fácil- dijo Isabel, -de convertir el mundo en un mundo violento?
- Claro, muy claro hija-. Entonces se vivió un período de militarización progresiva de la sociedad ya que abundaron las repúblicas municipales con sus propias milicias, utilizadas por la naciente burguesía para hacer la guerra a los señores feudales a quienes sostenían muchas veces con costosísimos préstamos; estaban también los ejércitos del los reyes y los ejércitos de la iglesia, para luchar contra los herejes y, obviamente, los ejércitos de los herejes en su lucha contra la represión de los reyes y del Papa. Y explicó:
- ¡Un verdadero pandemoniun, Isabel, un caos total! Período violento, muy violento, en donde ninguna persona estaba tranquila, salvo en los monasterios en donde comenzaron a refugiarse los elementos más connotados de la nobleza, escogiendo la contemplación y la meditación como la forma segura de ser cristianos y que dio lugar a que la iglesia se dividiera entre los monjes y el clero secular.
- Sobrevivir en una sociedad en transición ha sido siempre un verdadero arte, Isabel, -afirmó la madre Antoinette, porque significa tener muy claro lo que se está haciendo en una sociedad caduca, para entrar a otra que todavía desconocemos.
La madre Antoinette reforzó su argumento y dijo:
-Hay que saber mirar dentro del caos de la transición los elementos de lo nuevo que apuntan con cierta fuerza y probabilidad, de tener una larga duración, para hacerse a alguna idea de lo que estaría por venir. Es decir, cuáles serían los elementos que tienen la fuerza para inscribirse en períodos de larga duración que son los que le dan la característica fundamental a las épocas.
- En esto no puede haber equívoco porque, si lo hay, se corre el riesgo de aparecer como un conservador a ultranza, defendiendo lo indefendible, o como un ingenuo maravillado con un montón de pendejadas que sólo son un regreso a tiempos pasados y se impone, entonces, la moda retro.

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