Martes, 21 de Noviembre de 2017

Nikola Tesla: El hombre que iluminó el siglo XX


El tiempo y el calendario

Ver más videos...




Sitios de Interés

Recuerdos del Ayer

Ernest Hemingway: Escritor, enamorado y suicida




Desde muy joven, la obsesión de Ernest Hemingway fue descubrir cómo vivir, y conservó esta obsesión hasta la muerte. Cuando ya no supo cómo, se pegó un tiro.

Antes, ardió en su propio fuego —su intensidad—, aunque más a lo hondo que a lo largo. Sí. Su paso por el mundo fue breve. Y julio fue su mes.

En el de 1899,  abrió sus ojos a la vida y el de 1961 lo llevó a la muerte. En sus casi sesenta y dos julios fue periodista, pescador y boxeador; amó el mar y las corridas de toros. Tuvo cincuenta y siete gatos, varios de ellos con su propia lápida en el cementerio de animales construido junto a la piscina, en su «Finca Vigía» de la Habana, donde residió veintidós años. Fue cazador en África, conductor de ambulancias en la Primera Guerra Mundial, corresponsal y especie de combatiente en la segunda, y corresponsal en España durante la Guerra Civil; sufrió depresiones y padeció  electroshocks. Ardía en su propio fuego, estaba dicho.

Hemingstein, como solía llamarse socarronamente a sí mismo, fue un viajero tan obstinado como lo fue su deseo de justicia y de libertad. Y, sobre todo, fue novelista y escritor. Es un verdadero monumento de las letras anglosajonas —ganador del Premio Pulitzer por El viejo y el mar y del Nobel de Literatura en 1954— y un referente literario de todas las épocas.

Pero para él, saber cómo vivir también se refería a su relación con las mujeres, y esto lo llevó de abrazo en abrazo, de la idealización a la decepción… con todas ellas, a las que llamaba «hijas». Así lo muestran sus cuatro matrimonios y sus —al menos— otras dos relaciones amorosas profundas. Una, con la norteamericana Agnes von Kurowsky, a quien deslumbró con su inteligencia, sus músculos, su desparpajo... y con la medalla al valor que le dio el gobierno italiano, por la descarga de metralla que recibió cuando intentó rescatar un soldado herido. Pero nuestro escritor tenía entonces apenas 19 años y Agnes, 30…y ella se casó con un galán napolitano.

Para la otra aventura, a sus 49 años, eligió en Venecia a Renata Ivancich, italiana, de 19, de cuya historia surgió su novela Al otro lado del río y entre los árboles. Antes de morir, él quiso cruzar las aguas y descansar entre el follaje. No le fue posible.

De espías y repollos

¿Tuvo Hemingway sólo otros dos amores apasionados, además de sus esposas… o fueron otros cuatro, o cinco?

Vamos a la número «cuatro» (mencionadas, todas, fuera del orden cronológico).  Muy joven aún, le iba bien una mujer que era, ya, un mito: Mata Hari. Así lo recoge quien más tarde sería su biógrafo: «Nos contó a un grupo, bastante borracho, que ‘una noche la j... bien, aunque la encontré muy pesada de caderas y tenía más interés por lo que hicieras por ella que por lo que ella daba al hombre’». Pero la verdad era otra: Hemingway viajó a Europa por primera vez en el 1918 y Mata Hari había sido fusilada en 1917. El ensueño de Ernest había inventado una leyenda que todos creyeron.


Agnes Von Kuwowosky       Marie Hadley Robinson

La quinta. ¡Y que «quinta»! Él la llamaba My little kraut (Mi pequeño repollo) y ella lo apodaba Mi querido papá.

Marlene, te quiero por encima de todas las cosas, y lo sabes endemoniadamente bien, le escribía Ernest desde Cuba. Marlene era Marlene Dietrich, el Ángel azul, la actriz alemana que se opuso al nazismo a riesgo de su vida.  Ellos se amaron con ese amor que puede tener cierto sostén de eternidad: el amor platónico, sin sexo. La pasión de ésta, para la mayoría de los mortales, extraña pareja, esa pasión sin igual, según Hemingway, había empezado en 1934, cuando se conocieron. Pero el fervor amoroso creció y se mantuvo después, durante diez años: entre los 50 y los 60 del célebre autor. Se admiraron. Burlaron geografías, distancias y ansias de cuerpos enlazados. Se adoraron.

Así lo atestigua la colección de 31 cartas de amor del escritor a la actriz, donadas por Maria Riva, hija de la Dietrich, al museo John F. Kennedy de Boston.

La esposa, su amiga y las dos periodistas

Su libro Fiesta tiene esta dedicatoria: «A Hadley y a John Hadley Nicanor».  En 1920 , se casó con Elizabeth Hadley Richardson, cuando ella contaba 29 y él sólo 21. Ernest ganaba entonces 40 dólares mensuales pero Hadley paliaba la situación con sus 3.000 anuales por dividendos de acciones. El matrimonio se fue a París, etapa que está reflejada en Paris era una fiesta. Fue un tiempo dorado, donde nació John Hadley Nicanor, su primer hijo: «cuando éramos muy pobres y muy felices… «Yo la quería —dice Ernest de su esposa— y no quería a nadie más.


Renata Ivancich                                           Marlene Dietrich

Hasta que apareció la amiga de la esposa. Y todo se acabó.  

O empezó. Ahora con la amiga,  Pauline Pfeiffer, bellísima, con quien se casó cuando él tenía 29 años… sumido en remordimientos y en su propio dolor,  cuando su nueva esposa estuvo a punto de morir, en el parto de Patrick, el segundo hijo de Ernest.

En 1936, estalló la guerra en España. Hemingway ya era rico y famoso, y vivía en una finca en Key West, en Florida, Estados Unidos. A su lado, Pauline y Patrick. Aun así, él quebró su paz para informar desde España sobre la Guerra Civil. Pero en su vida ya había otra periodista, a quien había conocido en un bar. Era Martha Gellhorn, también brillante y bella.


Pauline Pfeiffer                                     Martha Gellhorn

Fue el final del segundo matrimonio. En España, donde también recogió material para su futura novela (Por quién doblan las campanas), Ernest vivió con pasión su nuevo romance, que culminó en boda a los 41 años del escritor.  Con Martha se estableció en Cuba, pero su nueva vida sólo conoció soplos de dicha. Él anhelaba desesperadamente una hija, que Martha no le dio jamás; y la vida en común de la pareja—con disputas agrias y frecuentes— fue casi accidental, pues ella viajaba mucho, absorbida por el periodismo.  

Por eso, cuando en 1945, Hemingway está otra vez en Europa mandando informes sobre la Guerra Mundial y conoce en Londres a Mary Welsh, también periodista, las condiciones son ideales para un nuevo romance. Tras el fin de la guerra, Ernest y Mary se casan, cuando él tenía 47 años.  ¿Fue Mary su último amor?

Veamos… Él buscaba el sentido de la vida... En Adiós a las armas Hemingway se retrata a sí mismo como Frederick Henry, —rol que en el filme sobre el libro jugó Gary Gooper— un chofer de ambulancia en el frente italiano que se enamora de una hermosa enfermera, Catherine Barkley. La novela es en su mayor parte autobiográfica. ¿Acaso Catherine, su primer amor en la ficción, fue su único y gran amor?
Quizá. Porque —paradójicamente— él era un solitario y porque buscaba un amor ideal.   

Lo único que quería saber era cómo vivir, había escrito en su primera obra importante, Fiesta, publicada a sus 27 años.

¿Lo había conseguido? Seguramente creyó que no. El domingo 2 de julio de 1961 se levantó temprano en su casa de Ketchum, Idaho, último hogar del último matrimonio Hemingway, fue hasta el cuarto donde se guardaban las escopetas de caza, y allí cargó una de doble cañón. Se la puso en la frente. Apretó el gatillo. El ruido del disparo despertó a Mary Welsh.


Escrito por: Cristina Castello
Artículo publicado en la revista «Open» - México - 2007
http://www.cristinacastello.com
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Colaboración para Magazín Médico Virtual del médico Jesús María Dapena Botero


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Twitter





Editorial Médica Panamericana. 10% de descuento.






Encuesta

¿Apoyaría usted un paro nacional del sector Salud?

Si - 100%
No - 0%

Total votos: 1
The voting for this poll has ended on: Julio 1, 2015
 ¿Busca empleo?
Solicitud de empleo