Domingo, 17 de Diciembre de 2017

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¿Piensa estudiar medicina? ¿Piensa asistir al médico? ¡Cuidado! Mírele el diploma al médico


Estoy seguro que lo que leerá en estas líneas le interesará.  Ya porque en algún momento tendrá la infortunada necesidad de asistir al médico o porque, quizás, piensa estudiar medicina.

En Colombia, a raíz de la Ley 100, confluyen tres negocios muy claros e inescrupulosos: La venta de servicios de salud, la venta de medicamentos y la venta de educación médica.

Sobre los dos primeros ya se ha hablado demasiado sin que el Gobierno intervenga.  La razón es que el negocio está en manos, precisamente, de gobernantes y/o amigos del gobierno, y ello hace que pretender el cambio, siendo el negocio tan lucrativo, sea prácticamente imposible.

El tercer negocio, el más nefasto, la venta de educación médica, independientemente de que se tengan inclinaciones a favor o en contra de la Ley 100, le va a interesar.

La educación médica en Colombia, tal y como se enseña hoy en día, no llega a ser una tecnología barata.  Muchas universidades, particularmente privadas, reciben entre 6 y 16 millones de pesos por alumno por semestre y, después del quinto semestre –aproximadamente-, estas mismas universidades envían a sus estudiantes a diferentes hospitales o clínicas del país a que miren a ver qué aprenden de quien les quiera enseñar.

Las universidades cancelan alguna cantidad de dinero a los hospitales en contraprestación a que reciban a sus estudiantes, pero no asumen ningún compromiso académico con ellos.  Los estudiantes rotan –interprétese acompañan a los médicos- en las instituciones hospitalarias a las que asisten sin que los médicos tengan ningún compromiso con ellos.  Ello quiere decir que, así como algunos pueden enseñar lo que les dé la gana, otros pueden hablar de cine, de tenis, de golf o de viajes durante todo el día sin que ello conlleve algún tipo de contravención.

Del párrafo anterior afloran algunas consideraciones en extremo delicadas:

• Los médicos que reciben a los estudiantes en los hospitales a los que son enviados NO SON PROFESORES UNIVERSITARIOS.  Quizás todos estemos de acuerdo en que ser profesional en cualquier área no significa ser un PROFESOR en la materia; ser profesional no implica contar, necesariamente, con cualidades docentes, académicas o investigativas.

De un PROFESOR médico se espera alguien con un conocimiento profundo en la materia; con calidades humanas, investigativas, pedagógicas; con publicaciones en revistas científicas, con títulos honoríficos y una basta experiencia.  No es lo mismo un profesor universitario que un especialista en cualquier cosa, de cualquier hospital.

• Un PROFESOR contratado por una universidad es vinculado bajo los criterios antes mencionados –particularmente en las universidades públicas-.  Un especialista contratado por un hospital sólo requiere el título.  Puede ser alguien recién egresado que ni siquiera considere la docencia y para quien, al contrario, un puñado de estudiantes le resulten estorbosos.

• Ahora, quizás usted se escandalice al oír que muchos de estos médicos no enseñan en absoluto y se dedican a hablar de farándula con los estudiantes de medicina durante las rotaciones.  En efecto, el impulso inicial sería escandalizarse.  Pero si usted sabe que dicho médico no tiene ningún vínculo con la universidad de la que provienen los estudiantes y que, por el contrario, está siendo UTILIZADO por esa universidad de la cual no recibe un peso, la impresión es diferente.

• El negocio consiste en que la universidad recibe una buena cantidad de dinero por concepto de matrículas y a manera de out-sourcing subcontrata la “educación” de sus estudiantes, con hospitales que no tienen entre su prioridad la docencia.

• Calificaciones.  Los estudiantes que viven este tipo de actividad, normalmente son calificados con una Nota Global de carácter “Apreciativo”.  En muchos hospitales, dicha calificación es procurada por personal que no tiene en absoluto contacto con los estudiantes: como el subdirector científico, el gerente hospitalario, etc.  La mayoría de las veces, dicha calificación emana de la eficiencia de los estudiantes al realizar actividades de carácter tecnológico y/o administrativo tales como elaborar la papelería hospitalaria, realizar las epicrisis, hacer las remisiones, etc.  Casi nunca las calificaciones surgen de exámenes que determinen con RESPONSABILIDAD si los conocimientos de un estudiante dan para que avance en su proceso hacia formarse como buen profesional.

• Algunas universidades tienen cierto “reconocimiento” anual con los especialistas que están en contacto con sus estudiantes –del orden de 2 salarios mínimos anuales-.  Dicho reconocimiento, cuando existe, representa una cuantía ínfima que para nada constituye un salario y que, más allá de reconocerse en contraprestación a la carga que pueden representar los estudiantes en ambientes no docentes y completamente asistenciales, tiene por objeto aplacar reacciones y/o críticas que reprueben esta práctica.

• Dado que los estudiantes son enviados a sitios en donde la docencia no es la prioridad, no existen espacios en TIEMPO, LUGAR y PERSONA, para desarrollar actividades ACADÉMICAS.  Si alguien enseña, lo hace dentro de su labor asistencial: A la carrera, sin objetivos, sin estructura pedagógica, sin un programa curricular que desarrollar, sin la directriz de una coordinación de carrera.  La medicina es muy extensa para que un especialista cualquiera enseñe “lo que le dé la gana” sin ningún tipo de orden o coordinación.

• Por su parte, y afortunadamente, algunas universidades -públicas en particular- sí cuentan con programas académicos ya diseñados, funcionando en ciertos hospitales en donde se goza de actividades académicas bien establecidas.  Aprovechando dicha situación, estas otras universidades de garaje envían a sus estudiantes a estas actividades y, de manera parásita, usufructúan el espacio establecido por aquellas que SÍ invierten en sus estudiantes.

• Últimamente, y para terminar de agravar el asunto, diferentes EPS como SANITAS, cuentan con programas de formación de pregrado y de postgrado en ramas como Ginecología y Obstetricia.  Ello hace que SANITAS pueda prescindir de contratar Ginecólogos, porque ahora tiene Residentes de Ginecología que, además de hacer el trabajo que deberían hacer los Ginecólogos graduados, deben pagarle a la EPS para formarse como especialistas mientras practican con sus pacientes.  ¿Y de donde acá, las EPS ahora también son Universidades, o cuáles Universidades avalan esos títulos?

• ¿En donde está la labor de los Ministerios de Salud y/o de Educación?  ¿Qué será de la salud en Colombia en 20 o 30 años?  ¿No son las tecnologías las que se enseñan así?  ¿Qué hace la Asociación Médica Colombiana?

Ahora, si en algunas universidades se enseña la medicina como una tecnología, ¿por qué no calificar ese egresado de acuerdo con su formación?  La diferencia entre los países desarrollados y los países del tercer mundo con desarrollo bloqueado está precisamente en la EDUCACIÓN, en el desarrollo de la educación, en los espacios académicos e investigativos.  Situaciones como esta, en donde se siente la mano negra del Gobierno nacional, dan dolor de patria.

• Afortunadamente, aún existen Universidades responsables como la Universidad de Antioquia, la UIS, la Universidad del Valle y la Universidad Nacional de Colombia, en donde los estudiantes son responsabilidad de la Universidad.  En donde los estudiantes tienen programas académicos qué cumplir, en donde las evaluaciones existen y en donde el estudiante que no cumple con las competencias necesarias no aprueba.  En donde se protegen los espacios académicos en tiempo, lugar y persona.  En donde los profesores universitarios se escogen con criterio de profesor y no de profesional.

• El convenio docente asistencial existente hoy entre muchas universidades y los hospitales que reciben a sus estudiantes no puede quedar en un reconocimiento en dinero para que el hospital reciba a los estudiantes.  Es mucho más benigno que la universidad cubra servicios del hospital con su personal docente con tiempos y espacios académicos respetados e irrenunciables.  De esta manera, la universidad apoya al hospital en contraprestación a que reciba a sus estudiantes, pero no entra en el juego sucio de darle dinero a un ente hospitalario y liberarse de la carga de sus estudiantes.

• Si va a estudiar medicina, invierta un tiempo prudencial en averiguar muy bien el currículo ofrecido por la universidad.  Investigue sobre el personal docente, sobre el nivel general del pregrado.  Sobre los acuerdos docente - asistenciales.  La acreditación no dice mucho –una universidad que no merece la acreditación, acredita a otra que tampoco la merece, pero algo es algo.  No se arriesgue.  Usted va a tener la vida de muchas personas en sus manos y una buena formación es determinante para ejercer la profesión con un mínimo de responsabilidad y conocimiento.

• Hoy en día MÍRELE EL DIPLOMA AL MÉDICO.  Para una universidad privada, la educación en salud es un negocio.  Algunas, por supuesto, ponen sobre la balanza la responsabilidad educativa versus el lucro; a otras, con seguridad, la educación no les importa.

Nota: Ojalá los medios de comunicación y los organismos de control se interesaran en investigar este tema en extremo delicado.  ¿Le gustaría saber que uno de sus familiares cae en manos de un médico egresado de una universidad de garaje?

¡Cuidado!  ¡Despierte!



MARIO JAVIER GARCÍA MÁRQUEZ
Médico Anestesiólogo

PD.: Intenté publicar el escrito anterior como una publicidad pagada de mis propios recursos y orientada como una Carta Abierta a la Opinión Pública.  La respuesta del periódico fue que iba en contra de las políticas del Estado.


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